Kaizen Camp
De un alumno no se guarda su nombre, ni su correo, ni su fecha de nacimiento, ni su foto. Es su número de lista, el apodo que se ponga y lo que va haciendo en clase.
No hay publicidad para los alumnos, no hay rastreadores y no se vende nada a nadie.
Kaizen Camp es el espacio digital de una clase: el maestro pone actividades y los alumnos las hacen. Para que funcione hace falta guardar muy poco, y se guarda muy poco.
No hay publicidad para los alumnos, no se vende ningún dato a nadie y no hay ningún rastreador de terceros.
Kaizen Camp la ha hecho y la mantiene Imanol Falcó, maestro de Educación Primaria.
Para cualquier pregunta sobre los datos de un alumno, lo primero y lo más rápido es hablar con su maestro, que es quien lo conoce y quien administra su clase. Si hace falta escribir aquí, la dirección de contacto está al final.
Lo mínimo para que la plataforma haga lo que hace. Punto por punto:
Nada de esto se pide, ni se puede escribir aunque se quiera:
Es una decisión de diseño, no un descuido. Cada alumno es su número de lista, y la correspondencia entre el número 7 y la persona vive en la lista de clase, en papel, en el aula.
Así, si algún día alguien se llevara la base de datos entera, lo que se llevaría es «ALU07 tiene 340 puntos», que no identifica a nadie.
A los maestros se les pide expresamente que no escriban nombres de alumnos en ningún sitio de la plataforma, y lo aceptan por escrito al darse de alta.
Su nombre, su correo electrónico y su contraseña cifrada. El correo hace falta para entrar y para recuperar la cuenta.
Y lo que él mismo crea: sus clases, sus actividades, su calendario y la configuración de su pizarra.
Cada maestro ve solo lo suyo. Un maestro no ve los alumnos de otro, ni sus puntos, ni sus clases, y eso no depende de que la pantalla se lo enseñe o no: está cerrado en la propia base de datos, y hay pruebas automáticas que lo comprueban con varias cuentas a la vez.
Un alumno ve lo suyo y, de sus compañeros de clase, solo el apodo y los puntos que salen en la clasificación. No puede ver las respuestas ni el progreso de otro.
Dos maestros pueden unirse en equipo para compartir material entre sus clases. En ese caso comparten actividades, y solo actividades: los alumnos de uno no aparecen nunca en la cuenta del otro.
En servidores de la Unión Europea (Fráncfort, Alemania). Los proveedores son Supabase para la base de datos y Vercel para la web.
Las contraseñas nunca se guardan tal cual: se guardan cifradas, y ni el maestro ni quien mantiene la plataforma pueden leerlas. Un maestro puede darle una contraseña nueva a un alumno que la haya olvidado, pero no puede ver la anterior.
El personaje de cada alumno lo dibuja una inteligencia artificial. El alumno no escribe nada: elige de menús —especie, color, ropa— y la plataforma compone el encargo.
Eso significa que a la empresa que hace el dibujo no le llega ni el nombre del alumno, ni su apodo, ni nada suyo: le llega una descripción como «un zorro con abrigo naranja».
Y ningún dibujo llega a la clase sin que el maestro lo apruebe antes.
El resumen de cómo va un alumno lo redacta una inteligencia artificial a partir de números ya calculados.
A esa IA no le llega ningún nombre: los alumnos van como «Alumno 1», «Alumno 2», y el nombre lo pone la pantalla al recibir el texto. Tampoco puede inventarse nada: solo puede redactar los datos que se le pasan.
El maestro puede poner un vídeo de YouTube, un Kahoot, un Genially o un juego de otra web. Esas actividades se abren dentro de Kaizen Camp, pero las sirve la página de origen.
Mientras un alumno usa una de esas actividades, la página de origen puede recoger sus propios datos según sus propias condiciones. Kaizen Camp no controla eso y no recibe nada de lo que ocurra dentro.
Lo que sí hace Kaizen Camp es guardar que esa actividad se ha abierto y se ha completado.
No hay publicidad para los alumnos. Ninguna.
No hay ningún píxel de seguimiento, ni de Google, ni de redes sociales, ni de nadie. No se hacen perfiles ni se toman decisiones automáticas sobre ningún alumno.
Las únicas cosas que se guardan en el navegador son las necesarias para mantener la sesión iniciada.
Mientras el alumno esté en la clase. Al acabar el curso, el maestro puede borrar la clase entera, y al borrarla se van sus alumnos y todo lo suyo.
Una familia puede pedir en cualquier momento que se borre la cuenta de su hijo o hija. Se hace, y no queda copia.
Cualquier familia puede pedir ver lo que hay guardado de su hijo, corregirlo, llevárselo o borrarlo.
La vía rápida es el maestro, que puede hacerlo él mismo desde su panel. Si prefiere escribir a quien mantiene la plataforma, la dirección está abajo, y también puede reclamar ante la Agencia Española de Protección de Datos.
La fecha de esta versión sale arriba. Si cambia algo importante, se les dice a los maestros dentro de la propia plataforma y se les pide que lo lean.
Y se guarda qué versión aceptó cada maestro, porque «lo aceptó» no dice nada si no se sabe qué aceptó.
Versión de 2026-08-29.